IN LOVING MEMORY OF

Alejandro "Alex"

Alejandro "Alex" Briones Profile Photo

Briones

Aug 22, 1995 — Sep 3, 2026

Odessa

Obituary

Alejandro “Alex” Briones 

22 de agosto de 1995 – 3 de septiembre de 2026

Alejandro “Alex” Briones nació el 22 de agosto de 1995 en Brownfield, Texas, hijo de Anetali Chavez Lares. Alex falleció inesperadamente el jueves 3 de septiembre de 2026, en McCamey, Texas, a la temprana edad de 31 años. Dejó esta vida terrenal para reunirse con el Señor, dejando atrás a una familia que lo amaba más de lo que las palabras pueden expresar. 

Alex fue profundamente amado. Era tranquilo por naturaleza y, aunque a veces podía sentir temor ante lo desconocido, nunca permitió que eso le impidiera experimentar la vida. Se arriesgaba, salía de su zona de confort y, cuando lo hacía, disfrutaba plenamente de la experiencia y de cada momento. Alex vivió la vida al máximo. 

Detrás de esa personalidad reservada había un hombre juguetón y bromista, con un corazón inmensamente amoroso y generoso. Alex amaba intensamente, prestaba atención hasta a los detalles más pequeños y siempre pensaba y planeaba con anticipación. Tenía la hermosa capacidad de emocionarse con las pequeñas cosas de la vida, esas que otros fácilmente podrían pasar por alto. Se fijaba en los detalles, recordaba las cosas y, cuando algo o alguien era importante para él, le brindaba toda su atención. 

La manera de Alex de demostrar su amor era sirviendo a los demás. No siempre necesitaba decir “te quiero” para que una persona supiera cuánto significaba para él; Alex lo demostraba con sus acciones. Estaba pendiente de las necesidades de quienes lo rodeaban, se aseguraba de que todos hubieran comido y tuvieran lo necesario, y constantemente buscaba la manera de hacerles la vida un poco más fácil a las personas que amaba. Nunca ayudó esperando reconocimiento. Simplemente así era Alex. 

Ese corazón servicial adquirió un significado aún más especial para su familia durante los últimos tres meses de su vida, cuando estuvo en McCamey ayudando a cuidar a su querida Nana. Después de que Nana perdiera a su esposo de 46 años, Alex estuvo presente cuando su familia más lo necesitaba. Estaba pendiente de sus medicamentos, constantemente le recordaba que tomara agua, cuidaba de sus necesidades y se convirtió en una fuente de ayuda, compañía y consuelo dentro de su hogar. La cuidó de la misma manera en que demostraba su amor por los demás: prestando atención a cada detalle y sirviendo con cariño. Aquellas cosas que quizá parecían sencillas y cotidianas se convirtieron en un regalo inmenso para Nana y para toda su familia. 

Para sus hermanos, Alex era mucho más que un hermano. Era su protector. Muchas veces asumía el papel de padre, lo cual significaba que podía ser bastante estricto cuando pensaba que lo necesitaban. Pero detrás de esa seriedad también estaba el hermano bromista que nunca perdía la oportunidad de recordarles algo que, según él, era indiscutible: que él era, por supuesto, el más guapo de todos los hermanos. 

Por encima de todo, Alex amaba a sus hijos. Cynthia, Edith y Bayron eran su orgullo, su motivación y el motor de su vida. Los amaba profundamente. Ellos formaban parte del futuro en el que pensaba y que planeaba, y ser su padre fue una de las partes más grandes e importantes de quien él era. 

La vida de Alex terminó de una manera repentina y trágica, pero las circunstancias de un solo momento terrible jamás definirán los 31 años que vivió antes de él. Su vida será recordada por la intensidad con la que vivió, la profundidad con la que amó, la atención que prestaba a las pequeñas cosas, su disposición para ayudar a los demás y todo lo que dejó de sí mismo en cada persona que tuvo la fortuna de amarlo. 

A Alex le sobreviven su madre, Anetali Chavez Lares, de Ojinaga, Chihuahua, México; su esposa, Jessica Briones, y sus hijas, Cynthia Ruby Briones y Edith Arianna Briones, de Odessa, Texas; y su hijo, Bayron Daniel Briones, de Ojinaga, Chihuahua, México. 

También le sobreviven sus hermanos, Jesus Longoria, de Seagraves, Texas; Daniela Pizarro y su esposo Alfredo, de Odessa, Texas; Yuridia Moreno, de Odessa, Texas; y Fernanda Andazola, de Ojinaga, Chihuahua, México; su sobrino, Mateo Pizarro; su sobrina, Emma Pizarro; además de muchas queridas tías, primos, familiares y amigos. 

Alex deja mucho más que el vacío de su ausencia. Deja su sentido del humor, sus actos de bondad, las personas que protegió, la ayuda que brindó sin que se la pidieran, las pequeñas cosas que siempre notaba, los riesgos que se atrevió a tomar, las experiencias que disfrutó y un sinnúmero de momentos cotidianos que hoy se han convertido en recuerdos invaluables. 

Treinta y un años no fueron suficientes. 

Pero una vida no se mide solamente por el número de años que se nos conceden. También se mide por las personas que amamos, las vidas que tocamos, las cargas que ayudamos a llevar, las risas que provocamos y las partes de nosotros mismos que dejamos viviendo en los demás. 

Alex hizo todo eso. 

Fue un amado hijo, esposo, padre, hermano, tío, sobrino, primo, amigo, protector y cuidador. 

Pero para quienes tuvieron la dicha de conocerlo y amarlo, simplemente era Alex—y jamás habrá otro como él. 

“Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.” Salmos 121:2

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